Bogotá, julio 20 de 2025
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CRÓNICA POR JAVIER VELANDIA |
El poeta de la narración ciclística
Donde el Frío Abraza, la Ruta Une: Memorias de una Hermandad a Pedal
Ruta: Centro Chía – Plazoleta de Cogua Vía Neusa -Alto de las Margaritas y regreso. Distancia total: 91 km Altimetría acumulada: 1.245 m Rampa máxima: 13% (Ascenso plazoleta de Cogua a Valla Cogua, 2,4 kmts). Ascenso Cogua Las Margaritas 10 kmts pendiente media 5%.

La mañana del 20 de julio de 2025 amaneció con sabor a patria y aroma a caucho caliente. La cita, como ya es tradición, fue en el parqueadero del Centro Comercial Centro Chía. La temperatura marcaba unos frescos 5°C, con cielo parcialmente nublado y una humedad del 90% según el IDEAM. ¡Ideal para calentar piernas, no para dormir! Mientras los más aplicados ajustaban la presión de los neumáticos y afinaban cambios como violinistas antes de un concierto, una tragedia tecnológica sacudía la calma: la Pinarello de cambios eléctricos FZ2 de Cariño, decidió no colaborar. Las manetas electrónicas dijeron: “hasta aquí llegamos”. Ni cambio adelante ni atrás. “Hermano, eso no se mueve ni con rosario”, dijo alguien, y tras varios intentos fallidos, Cariño aceptó su destino: un solo cambio para todo el recorrido. ¡Honor a quien pedalea en desventaja!
Mientras Cariño sufría con sus cambios eléctricos, Guillermo aprovechó para hacer entrega a la familia Carrillo, hinchas furibundos del Santafecito, un detallito que los dejó sorprendidos y muy agradecidos: encargó a la tienda Mann&Cia tres exclusivos mugs conmemorativos que diseñaron para inmortalizar ese anhelado triunfo, allí aparecen, el goleador Rodallega (el cojo), la copa, el escudo del equipo coronado con la décima y la historia cronológica de sus triunfos.
Justo cuando nos disponíamos a partir, el guarda de seguridad del lugar, con acento sabrosón, nos lanza la advertencia: “¡Eche, no joda! Salgan con la bicicleta en la mano, que hay rejillas peligrosas y ya varios se han caído.” ¡Y tenía razón el hombre! Porque Daniel Carrillo (hijo), quien venía con su padre y con Paulina, probó de primera mano la famosa rejilla. Una resbaladita para romper el hielo, pero nada grave. ¡Susto sí, raspón no! supo caer.
Partida oficial: todos fuera del parqueadero, refrigerio en mano cortesía de Hermes Alvarado, nuestro conductor elegido, quien pese a un estado gripal se sacrificó por sus compañeros (ejemplo a seguir), además nos sorprendió con: bananos, mandarinas y herpos (que más que dulces, son bendiciones en envoltura). “Thanks, Hermes, you’re the MVP of this ride – without your snacks, we’re just hungry cyclists!” (Gracias, Hermes, eres el más valioso del equipo – sin tus refrigerios, solo somos ciclistas con hambre).

Foto de rigor tomada, ciclistas formados en dos niveles, de izquierda a derecha Primer nivel: Daniel Carrillo (padre), Paulina, Daniel Carrillo (hijo), Orlando Carrillo (Cariño), Marcolino Barrera, Pablo Torres, Willian Duarte, Javier Velandia. Segundo nivel: Orlando Márquez, Alberto Rivera, Guillermo Durán. Y claro, Hermes, siempre presente con su sonrisa y el baúl lleno de buena energía.
Destacamos el regreso de Pablito luego de un largo periplo por las europas.

Aunque sabemos que caminaron muchos kmts con su señora, su estado fisico para la bici llegó algo en ruinas, pero seguro pronto lo veremos al 100%.
El grupo partió rumbo a Cajicá, en duplas, a ritmo controlado de 28 km/h. Chisme va, chisme viene.


Me tocó al lado de Pablo, me contaba del viaje a Europa; mientras hablaba de croissants, vino y arquitectura italiana, mi estómago hacía más ruido que los cambios de una bicicleta vieja. También nos contó sobre su encuentro con Giacomo, ese mítico ciclista italiano que sigue en nuestras memorias y a quien le otorgamos nacionalidad colombiana en CicloBR.

¡Saluti caro fratello!
A la altura de Refisal, una ciclista novata cayó víctima de los rieles mojados. Se le advirtió: “¡los rieles mojados son como los ex tóxicos: hay que pasar de largo o te caes!”.
El escuadrón de caballeros (Guillermo, Pablo, Daniel padre, William y este humilde servidor) la levantó con cuidado. Un pequeño susto, pero nada que detuviera la jornada.
Sin aviso ni explicación, el grupo cambió la tradicional entrada por Cogua y optó por la variante que conduce de la vía al Neusa, desde la llamada Plazoleta de Cogua al embalse del Neusa, para luego subir a Margaritas.

Al llegar a la entrada de la vía a Neusa Neusa intentamos ayudar a Cariño con su problema de cambios… pero como dice el dicho: “Cuando la tecnología no quiere, ni el mecánico más canchero puede.” Cariño se rindió con dignidad: “Dejemos esa miércoles así, yo me subo al carro.” Y con Hermes se fue, cómodo y alimentado.
El grupo tomó el desvío a mano izquierda para iniciar una dura subida de 2,4 kmts con rampas del 13%, dignas de una etapa del Tour de Francia. Orlando Márquez, entusiasta y valiente, arrancó con todo, en mitad del camino cazó a Marcolino que venía escapado desde abajo… pero a 50 metros de coronar, el corazón le pidió tregua.

Pie en tierra, pulsaciones a 220. ¡Le aplaudimos el intento y le hicimos barra desde atrás!.

William, con fuerza de gregario, empujaba a Marcolino, que como todo veterano, no se rinde ni en las paredes. Daniel hijo subía como un pro: liviano, firme y encima nos apoyaba con la cámara. ¡Qué clase de ciclista!
En la "Y", donde años ha estaba la Valla del Pibe, el grupo se reagrupó para subir a Margaritas.
Vía estrecha, deteriorada y con frío que calaba los huesos, pero con el alma caliente por la camaradería.
Paulina, después de siete meses fuera de ruta, fue autorizada por su esposo Daniel para adelantarse y quien dijo miedo, no desaprovechó: concretó la fuga y llegó de primera a la cima. ¡Regreso de oro! dejando atrás a todos, incluido al gregario que les escribe.
Detrás llegaron Orlando M., Alberto, Marcolino, Don Daniel, William, Guillermo, Daniel hijo, Pablo y Javier. Una subida tranquila, fría y con cháchara, como debe ser.
En la bajada, Orlando Márquez y Marcolino optaron por acompañar a Hermes, Cariño a tierra y con su único cambio a chupar frío.
Regresamos por la variante hacia la Plazoleta de Cogua en la vía al Neusa cuya ubicación se muestra en el mapa que envió envió Orlando Márquez; allí hicimos parada en un restaurante colombo-alemán, donde descubrimos las mejores arepas de chocolo con queso (10/10) y un caldito de carne (8/10), acompañado de un tinto campesino (10/10) con panela y canela. ¡Joyita sabanera!

Hasta pila le encontramos a Cariño para su bici, y entre risas dijimos: “Póngale esa pila a ver si reacciona”. Entre chistes, uno surgió sobre los ausentes: “La vida sin Pulga en el lote es mejor; atentamente, el perro.” Pero se te extrañó, Pulga. ¡Vuelve pronto!.
Después del desayuno, hicimos un pacto de caballeros de regresar al ritmo de Paulina y Pablo. Hasta ahí, todo bien. Con Luchini el motociclista de Staff Ciclyng custodiando el grupo, y Hermes, Orlando y Marcolino en primera fila del auto viendo el pelotón.
A medida que dejábamos atrás el fresco sabor del desayuno colombo-alemán y nos adentrábamos en el regreso por la autopista del Neusa a Zipaquira, las nubes, cargadas como aguacates listos pa’ caer, nos miraban desde arriba con cara de querer descargar, pero vaya milagro ciclístico se compadecieron del sufrimiento en nuestras piernas y decidieron no echarnos ni una gota más. Se portaron como unas mansas palomas.
Con el estómago lleno y el corazón contento, el grupo rodaba a un ritmo sabrosón de 35 km/h , compacto, uniforme, casi coreográfico. A esa altura, ya no éramos ciclistas, sino una sinfónica rodante afinada por el pedal.
Pablo, aunque venía con el motor algo recalentado por la rodilla que le molestaba, seguía en la lucha, aguantando como un campeón. Cada vez que se cortaba, volvía y se pegaba. Tenía más ganas que piernas.
Pero al llegar al puente vehicular que conduce a Cajicá, se acabó el recreo. Apareció un repecho rompepiernas que puso el grupo a prueba. Y fue ahí donde Cariño, con un solo cambio (¡sí señores, seguía con su 41/10 como si nada!), se transformó en Ducati versión sabanera y tomó una leve ventaja. Le seguían Guillermo y William, como dos chivos locos embalados, mientras Alberto, con el colmillo de veterano, no perdió oportunidad para lanzarse a rueda justo cuando la pendiente empezó a favorecer.
Detrás, Daniel (hijo) animaba a Paulina como buen escudero, y Daniel padre gestionaba la cadencia con técnica fina. Yo, como buen pacificador, intentaba mediar con el grupo de punta: “¡Bájenle un puntico que Pablo está a punto de conectar!” Pero nada… como diría Pulga: “el que se quedó, que coja buseta”.
Y bueno, Pablo, fiel a su estirpe, sacó fuerza hasta de las medias y conectó valientemente en la rotonda de entrada a Cajicá, donde nos reencontramos por breves segundos... porque enseguida Guillermo, William y Alberto prendieron la moto, sin una pizca de compasión. Paulina en sus adentros ya no pensaba, rezaba: “¡Estos no tienen corazón ni alma!” A duras penas me adelanté a controlarlos y rearmar el pelotón, y así logramos reagruparnos por unos 3 o 4 kilómetros.
El suscrito, ya con la lengua a medio hombro, le pasó el relevo a los de siempre… y ¿adivinen qué? ¡Prendieron la moto otra vez! Por si fuera poco, un flaco random nos pasó con aire de “yo soy el rey del asfalto” justo frente al restaurante México. Eso fue como prenderle fósforos a la mecha de Alberto, quien salió tras él con mirada de “no te me vas”. Guillermo y William, cual escoltas del campeón, lo siguieron sin pestañear. Los Danieles, Paulina y Cariño empezaron a quedarse cortados, y yo en la encrucijada del día: “¿Los alcanzo o me quedo con estos?” Pero como buen terco de domingo, pensé: ¡A qué hijuemadres!, y me lancé con todo. Fueron 500 metros a tope, con pulmones afuera y alma al aire… pero ¡les di cacería!
Eso sí, Alberto no resistió el ritmo infernal y regresó al segundo grupo, donde la cordura aún existía.
Pablo, ya con el carro como escolta, venía unos metros atrás, pero rodando con dignidad y coraje, como quien sabe que la meta está cerca.
Entre Cajicá y Centro Chía, el flaco misterioso marcaba un paso de 38 a 45 km/h, con Guillermo y William a rueda, y este servidor chupando rueda con la esperanza del sprint final. ¡Y vaya que me funcionó! A falta de un kilómetro, me la jugué toda: ataque seco, a lo Cavendish, a lo colombiano en Tour.
Guillermo y William reaccionaron, pero ya era tarde. Detrás llegaron Alberto, Cariño, Paulina y los Danieles, y Pablo, dándolo todo con la sonrisa de quien venció al dolor.
Una etapa típica de CicloBR: Empieza como paseo dominical y termina como etapa reina de la Vuelta a Colombia. Pablo, en medio de la parte más suave, nos decía con ternura: “Me gusta este grupo… andan a ritmo chévere, así da gusto.” Hermano... si supieras lo que te esperaba después…
Alberto se despidió al llegar y lo extrañamos en la tertulia, ¿qué le disgustaría?. Pablo aún tenía 10 kilómetros más hasta su casa, y los demás nos fuimos a la tiendita de siempre a hidratar y reírnos de nuestras propias locuras.
Ahí, con William, Cariño, Guillermo, los Carrillo, Orlando y yo, hablamos de todo: de piques, de Paulina metiéndonos la fuga, de Cariño subiendo en cambio fijo y de las nubes buenas gente que nos dejaron secos. Y entonces, Orlando Márquez suelta la frase de cierre: “Oiga Javi, ayúdeme con una parte de la crónica, algo cortico…” Y aquí está, hermano. Lo hago con gusto, pasión y muchas ganas de que esta historia no se olvide. Porque lo que vivimos no es solo ciclismo: es hermandad con casco, pedal y alma.
Nota del editor:
** Les dejo unos videos por si el cafecito les alcanza para verlos:
- Agradezco la colaboración de Javive, para mi, ha sido una mano derecha, o mejor dicho una pluma derecha, que me cayó del cielo, un alivio para de vez en cuando descansar las manos con el teclado y tal vez evitar problemas con el túnel del carpio y reducir las trasnochadas dominicales con la crónica, que sagradamente como el periódico llega puntual a la mesa de los lectores que la esperan con el cafecito los lunes a prima hora desde hace varias décadas. Con esa ayuda solo me queda el trabajo de edición del material y la publicación que exige tiempo.
Recozco que tenemos más cronistas como Albert y Pablito, entre otros, que redactan bien, pero no es fácil encontrar a una persona como Javive que además de escribir bien lo disfruta, tiene chispa, sabe del tema ciclístico y lo mejor, hace el trabajo al gratin y con gusto; me recuerda a Molanito (QEPD) que igualmente disfrutaba haciendo la crónica. No es fácil, con las piernas adoloridas y el cansancio a flor de piel robarle horas al tiempo de descando dominical familiar para sentarse a contar cada domingo una nueva historia sin repetirse.
Que no crean Pablito y Alberto que se van a escapar, pronto les llegará su turno para que no se anquilosen como historiadores de CicloBR.
- Y hablando de túneles del carpio, hemos olvidado mencionar a Nóbile, quien sigue en incapacidad por el problema que una caida "boba" le dejó en una de sus manos. Parece que, como se dice, se va de operación, lo lamentamos mucho, hacen bastante falta en el grupo sus apuntes y apoyo en la organización.
Esperamos que todo le salga bien y que muy pronto pueda retornar al grupo.
Cómo se hubiera divertido hoy en la tertulia con "Alfonsina" (como creo que le dice a Paulina). Un apunte que se le escapó a Javive fue el que alguien mencionó: "A lo mejor la mechonea si Paulina le hubiera ganado en Margaritas". No digo quién fue el chistoso pues a lo mejor también lo mechonea.
*** Pese a que estoy de acuerdo con el chiste de hoy: "La vida sin Pulga en el lote es más fácil", la verdad tambien hace falta su humor y jalonazos en carretera, sabemos que está dedicado a los nietos; nos contó la semana pasada que pronto llegará el segundo hijo de Cami; Jacobo; es el sexto, dos de cada uno de sus tres hijos y para completar, niño y niña en cada caso. Que envidia de la buena siento yo que soy abuelo estéril.
Feliz semana para todos. |