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Para finalizar la programación del mes de septiembre el Comité Diretivo de CicloBR se había propuesto hacer una etapa en la cual pudiéramos compartir al final con las familias, unos minutos y creemos que el própósito se cumplió, como pueden observar en la foto de portada. Logramos una integración con las familias a las cuales abandonamos los domingos para poder practicar nuestro deporte favorito. Fue una inversión que valió la pena.

Por su asistencia: gracias a la Sra Mireya esposa de Guillermo, a Manuel y demás integrantes de la familia, , a la Señora Luisa Fernanda esposa de Ricardo y a su hijo, a la señora Blanca Isabel esposa de Luis Hebert y a sus hijos, a la sra Alexandra esposa de Wilfran y a sus hijas y a Andrés hijo de Willy.

Hicieron mucha falta los Pulgas, no pudieron asistir por compromisos familiares. Igual Cariño, quien se fue a temperar a Barbosa.

Gracias a Melki y a su esposa Marthica por toda la colaboración en la organización del evento.

Un saludo para los afiliados que no nos han podido acompañar por problemas insalvables, o razones personales: Alvarito, Marcolino, Edgard, Armandito, Héctor, Charrito, Javier Fernández y Chinazo.


Bogotá septiembre 28 de 2025

SUBIR DESDE LA VEGA YA NO ES SUFICIENTE PARA LOS CICLOBRS

Trece pedalistas se inscribieron para la etapa para visitar La Vega, la cual diseñamos con Melki, nuestro anfitrión quien conoce ese territorio, como la palma de su mano.

La gran sorpresa fue la presencia de Hermes, nos había contado que estaba mal de la rodilla pero vean cómo los milagros existen en CicloBR, con todo y menisco dañado se le midió a la dura etapa de hoy que tuvo hasta bonus track o ñapa. Casi no lo reconocemos. Al verlo de espaldas parecia que traía un conejo escondido en su casco.

Luego descubrimos que realmente era un cambio de look.

Nos recordó que tambien a Alberto Rivera en el 2022 le dio por ahí.

Volviendo a la etapa de hoy, debo cotarles que inicialmente pensamos repetir la que hicimos hace cuatro años cuando celebramos los 35 años de CicloBR: La Vega Alto del Vino. Pero ; como el almuerzo se contrató en el restaurante La Mona arriba del Chuscal, Melki sugirió bajar 5 kmts después de la Vega y luego llegar a la Quebrada del Vino y asi se programó el recorrido para la Categoría A.

Pero cuando llegó Guillermo preguntó:

"Oigan, Uds que van a hacer porque yo voy con mis amigos Willian Beltrán y William Díaz hasta el peaje de Caiqueiros, son 14 kmts desde la Vega y son solo repechos y columpios"

Inicialmente Wilfran, Javier y Luis Hébert manifestaron que era mejor dejarla como se había programado; Hermes mencionó que solo bajaría hasta la Vega.

De la categoría B, estaban Alberto, Ricardo y de la C solo Orlando Márquez, ellos acordaron bajar con Hermes hasta la Vega.

Mientras Oscar despinchaba su rueda y los demás completaban aire en las cámaras, sin darnos cuenta, se pusiron de acuerdo y cambiaron de opinión y resultó que acompañarían a Guillermo: William, Pablo, Wilfran, Javive, Oscar, Hermes, y los dos invitados de Guillermo, los dos Willian. Luis Hebert se sostuvo en que haría lo programado.

Melki nos esperaba en la Vega, el estaba programado para acompañar en su vehículo a la A hasta el restaurante el novillo 5 kmts abajo de la Vega, lo llmamamos para comentarle el cambio de planes, no le pareció buena idea: manifestó algo asi: "eso es muy largo y con este sol que está haciendo van a tener problemas, son más de tres horas subiendo y llegarán tarde al almuerzo programado para las 12 y 30 pm, pero si esa es la idea adelante".

William sugirió que Melki mejor acompañara en su carro a los que iban solo a la Vega (Alberto, Ricardo y O. Máquez), pues habían acordado que el carro de Don William Beltrán amigo de los acompañaría. Márquez aprovechó y bajó en ese carro hasta la Vega,

A las 8 y 10 am partimos con destino a la Vega para encontrarnos con Melki en la bomba a la entrada de la Vega.

Allí acompañado de Marthica nos esperaba Melki con bananos y refrigerios para sus compañeros. Un bonito detalle de estos apreciados amigos que se les agradece.

A las 8 y 40 am tres ciclistas (Alberto, Ricardo y Omárquez) iniciaron el camino hacia el restaurante la Mona, los esperaban casi 20 kmts de ascenso y los diez restantes continuaron con destino al peaje de Caiqueiro: Guillermo, Willy, Wilfran, Pablo, Javier, Hermes, Luis Hébert, Oscar, y los dos amigos de Guillermo William Beltrán y William Díaz. La tarea que se impusieron era ascender 37 kmts desde el peaje de Caiqueiro hasta el restaurante La Mona. Ahora podrán entender el título de esta crónica.

Previamente este cronista acordó con Javive que el haría la nota con el relato de los que bajaron a Caiqueiros y yo cubriría la historia que vivirían los tres que solo se le midieron a bajar hasta la Vega; les cuento entonces lo que me compete y luego daré el cambio a mi colega Javive.

8:45 am, de un día soleado en la Vega, la verdad no veíamos al astro sol pero la carretera refrectaba sus calurosos rayos. La salida de la Vega es empinadita, así que Márquez sufrió para "enchoclar" finalmente con un empujoncito lo logró, pero la dicha le duró solo medio kilómetro, un bárbaro tractomulero, lo sacó hacia la berma y lo obligó a volver a poner pie en tierra cuando la vía se empinaba aún más. Melki lo subió en su vehículo un kilómetro más adelante donde había un planito y así pudo arrancar sin problemas.

La ventaja le sirvió, atrás venian Ricardo y Alberto, trataban de recortarle distancia, pero no lo lograban.

Cinco kmts adelante lo encontraron esperando al carro, en la parte más dura de la subida. Descansó, unos kmts más adelante Ricardo estaba parado, el sol y un dolor en las costillas lo agobiaban, como solo había un cupo en el carro le propuso a Márquez que se relevaran, así que intercambiaron posiciones, Ricardo a tomar aire y descansar en el carro y Márquez seguiría en su bici. Más adelante Ricardo se integró.

Pasando la segunda entrada de San Farncisco vieron a Pachito quien hasta ahora iba bajando, se pasó al otro carril y se unió al grupito.

Melki trabajó hoy duro, hasta empujar le tocó vean video>>

Alberto y Márquez hicieron una parada técnica en en el restaurante francés al llegar a lo que se conocía como "las Hamacas". Pacho y Ricardo siguieron de largo.

Escoltados por Melki, retomaron el camino, Márquez le tomó una buena distancia a Alberto, pero se sentó a esperarlo en Chuscal, para subir juntos el trayecto final hasta La Mona, pero Alberto al ver que la carretera se aplanó, montó los fierros y pasó raudo antes de que su colega pudiera subirse a la bici, solo lo vino a alcanzar justo cuando pararon en la Mona, allí ya estaba Pachito, Ricardo siguió hasta la Quebrada del Vino. Ya eran las 11 y 30 a.m.

Estábamos ansiosos por saber cómo les había ido a los nueve muchachos con el alargue que hizo Guillermo, amparado en la famosa jurisprudencia de CicloBR que reza; "La programción no se puede cambiar, pero si adicionar".

Llegó Luis Hebert, nos contó lque el no bajó hasta el peaje, trataron de convercerlo, pero no aceptó, se regresó tres kmts antes y se hizo el recorrido hasta La Mona en solitario.

Mientras desgustábamos una fría en el restaurante y esperábamos a los Caiqueros, llamó Wilfran para pedir que si podíamos enviar un vehículo, pues en el que llevaban ya no tenía cupos, el sol había hecho estragos otro ciclista de apellido Velandia (se reservaron el nombre) estaba afectado por el sol y el cansancio. Entendimos que el único Velandia es Javi, justo nuestro cronista, así que lo llamamos y nos comentó que ya venía en el vehículo, pues los otros tres ya habían decidido retomar el camino en sus bicis.

Es todo lo que supimos. Finalmente llegaron cerca de 1 y 30 pasada.

Entonces para que el mismo nos cuente de su puño y letra le damos el cambio a Javive, el poeta de la crónica quien nos relatará en su estilo esa historia que nos perdimos.

¿Será que se cumplió la profesía de Mleki por el alargue?.

cuéntelo todo Javive


DE CAIQUERO A LA MONA

Relata; Javier Velandia

Aquí va mi crónica con todo el sabor, el drama y hasta el chistecito que cabe en una salida de ciclismo con los valientes de CicloBR, porque si pedalear fuera fácil, cualquiera lo haría:

La mañana del 28 de septiembre amaneció con un cielo parcialmente nublado en La Vega (Cundinamarca), con temperaturas que oscilaron entre unos 18 °C y 25 °C según pronósticos locales. Se esperaba un clima cálido hacia el mediodía, con humedad bastante alta un “combo explosivo” para ciclistas y con la posibilidad de lluvias ligeras en la tarde. El viento fue suave, sin grandes ráfagas que desordenaran al grupo, pero la humedad y el calor, sumados al sol directo sin demasiada sombra, se convertirían en enemigos silenciosos por tramos.

La segunda parte de la ruta arrancó oficialmente en La Vega, con un núcleo de pedalistas dispuestos a estirar el recorrido: Hermes Alvarado, Willian Duarte, Guillermo Durán, Wilfran Díaz, Pablo Torres, Oscar Tascón, además de los Williams invitados de Guillermo, y nuestro conductor los hijos de Williams como acompañantes.

Desde el primer pedalazo hubo buen ánimo: bromas al viento, revisiones de cámaras y neumáticos, y la consigna tácita de que hoy “esto es para barones", lema que Guillermo sacaba entre sonrisa y grito motivador.

Cuando llegamos a La Vega para reagrupar punto intermedio táctico apareció Melki con una sorpresa merecida: bananos maduros, porquecito y dulce de panelita. Energía pura. Fue el momento ideal para cargar baterías, ubicar al mecánico del grupo, bromear sobre quién comía más dulce, y preparar el cuerpo para lo que vendría.

La salida dejó La Vega con rumbo al Peaje de Caiquero, camino conocido, pero nunca fácil. Se trató de una vía en perfecto estado asfalto liso, sin tantos baches diseñada casi para calentar las piernas. Pero ojo: esta sección no era mera pedaleada de paseo. Había “columpios” subidas y bajadas suaves que servían de masaje muscular y recordatorio de que la ruta completa no sería un picnic.

Pendientes tipo columpio oscilaban entre 3 % y 6 % en sus tramos más marcados (ideal para afinar cadencia). La altimetría acumulada hasta el peaje era moderada: unos 150–200 metros de desnivel positivo desde La Vega, dispersos en pequeñas subidas intercaladas.

Durante ese tramo el grupo rodó con paso firme: un promedio cercano a 12 km/h (es más paseo que cicloclásica, pero ojo con quién lo subestima).

Todos comentaban anécdotas, hacían bromas y mantenían buen humor. La jornada arrancaba sin sobresaltos. Al llegar al peaje, el grupo ejecutó el giro (retorno) con profesionalidad… aunque algunos aprovecharon para “desocupar la vejiga”, como quien dice.

No faltó la foto de rigor con todos juntos (menos Hermes, que se había adelantado unos metros y se perdió la postal). Pero, decían, lo compensaron: lo vieron esperarnos dos kilómetros más adelante y hasta le grabaron un video para inmortalizar el momento (¡qué artista el Hermes!).

Guillermo y Wilfran, ejerciendo de directores orquestales, daban indicaciones de ritmo y maniobras para el regreso. El regreso fue engañoso. Los columpios ahora actuaban de calentadores musculares: subiditas que acumulaban kilómetros de fatiga, bajaditas falsas que parecían alivios pero no lo eran.

El sol apretaba sin clemencia: unos treinta grados el grupo dijo treinta y pico sin árboles donde guarecerse del castigo solar. Cada diez minutos, botellas levantadas, sorbos compartidos, carcajadas enmascaradas entre jadeos.

A unos 3 km de La Vega, Oscar Tascón empezó a rezagarse. Respiraba con dificultad, decía que la nariz no le respondía. El grupo se dio cuenta y decidió que irían a su ritmo.

Se hizo la primera parada extendida de unos 12 minutos en la Vega, recargando caramañolas, estirando piernas, mandando ánimos al colega solitario.

Al salir nuevamente, Oscar optó por bajarse y subirse al vehículo acompañante: no era su día. La energía de él se había agotado antes de tiempo. Así, el grupo pasó de 8 a 7 pedalistas. Cuatro kilómetros después, los repechos más exigentes cobraron otra víctima: Willian Duarte y uno de los Williams invitados cedieron ante la combinación de calor y pendientes, decidiendo también subirse al carro.

El calor estaba jugando con todos. Ya solo quedábamos 6 valientes rodando. Parada para hidratar y refrescar piernas (otros 12 minutos que el cuerpo supo agradecer). Yo, tu narrador con ruedas, iba perdiendo contacto: golpe de calor, sillín que sonaba como cama vieja, calzado incómodo… todo conspiraba contra mí. Sed, fatiga, sudor.

La solidaridad del grupo fue ejemplar: me pidieron que marcara paso, “haz lo que puedas”, decían. Pero rápido las fuerzas me abandonaron.

Wilfran llamó a la base para pedir rescate: el vehículo que nos acompañaba estaba adelantado con Oscar y los dos Williams.

Para no hacerlos esperar, yo me resigné a quedarme atrás y aguardar el apoyo. Faltando 13 km para el Restaurante La Mona, me encontré con el vehículo: supuse que había alcanzado hasta allá, dejó a los compañeros que bajaron y volvió para acompañarnos.

En el restaurante me contaron que los tres pedalistas que subieron al carro habían bajado y pedalearon hasta el destino final.

Así, el grupo quedó reducido a cinco pedalistas: Wilfran, Guillermo, Pablo, Hermes y el William el pequeño invitado que resistió.

En una última parada junto a las hamacas del lugar, tomaron bebidas hidratantes, estiraron brazos y se dieron ánimos. Yo, desde el vehículo, los observaba con orgullo.

Decidieron entrar juntos, sin drama, en un acuerdo tácito de hermandad ciclista: llegaremos juntos. Coronaron el Chuscal, tramo duro, empinado: pendientes de 6 % a 8 % en esa sección, con desniveles acumulados de unos 80-120 metros extra en ese empujón final. Después del Chuscal: un pequeño descenso que fue como oír música después del estrépito. Los cinco sintieron alivio: “ya lo tenemos”, “luz al final del túnel”, “una fresca para celebrar”.

Pero la ruta aún exigía concentración: un último kilómetro. Y ahí vino el toque dramático: Hermes, el campeón de la combatividad, sufrió un calambre a falta de ese kilómetro. ¡Drama ciclista al máximo! El hijo de Willian, Andrés, que venía en el carro acompañante, bajó rápido y le ayudó a estirar la pierna. Hermes gimió, lanzó un “¡nooo, no así no!” y con el esfuerzo de todos, logró llegar pedal a pedal, con sus compañeros. El grupo cruzó la meta en el Restaurante La Mona, hombro a hombro.

Felicitaciones, abrazos, risas con gusto a hazaña: dura etapa y completarla era ya triunfo. Como dijo don Guillermo al final “esto es para barones”, y vaya que sí lo fue.

Mis sinceros agradecimientos a los compañeros de ruta: Hermes Alvarado: incansable, siempre al frente, entrega apasionada… aunque el calambre quiso humillarlo. Guillermo Durán: cerebro táctico del recorrido, coordinador de ritmos, mentor invisible en el pelotón. Wilfran Díaz: constancia y temperamento, el lazo entre el motor y el grupo. Pablo Torres: escalador silencioso, entrega constante y sabrosa garganta para los “ánimos ya” (cuando el grupo pedía gasolina moral). William el pequeño invitado (solo el que aguantó): ahí está el mérito, no se rindió pese a las condiciones. Oscar Tascón, Willian Duarte y el otro William invitado: hicieron lo que pudieron, pero no se dieron por vencidos, a falta de 10 kilómetros se bajaron a pedalear, no forzaron extenuación innecesaria. Eso también es sabiduría ciclista.

El acompañante, conductor y los hijos: soporte moral y logístico indispensable sin ellos esto sería solo sufrimiento, no salida con dignidad.

El compañerismo fue la nota dominante: los que se quedaban eran esperados o animados; nadie corría solo. Al final, tras la meta, todos coincidimos: fue una etapa exigente pero hermosa, con sufrimiento, camaradería y sabor a anécdota para contar varias lunas.

La charla, la risa, el refresco en La Mona, el almuerzo delicioso: ese momento cerrado de camaradería es lo que vale. Un agradecimiento especial va para Orlando Márquez y Melki, por la organización del lugar y el banquete energético. Su apoyo fue más que logístico, fue moral.

Y claro: gracias a todos los del pelotón, a los que se quedaron, a los que resistieron a ustedes, barones del pedaleo. Eso es todo de mi parte.

Que esta crónica quede como testimonio de que un grupo que pedalea unido puede vencer calor, pendientes y fatigas. Nos vemos en la próxima salida.

Buena semana y que la ruta nos llame otra vez!

 

 

 

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