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Bogotá, agosto 24 de 2025

 

Crónica dominical por:

Oscar Tascón Abadía

UN BUEN DÍA PARA LOS ESCARABAJOS Y PARA LA ADRENALINA

La ruta programada: Mosquera- Puerto Araujo- Mosquera.

Los primeros en llegar al sitio establecido fueron: Guillermo Duran, Oscar Tascón, Luis Eduardo Pulgarín y Henry, estábamos a la espera de los demás que habían confirmado. Había preocupación pues estábamos ya sobre las siete de la mañana; habían confirmado nueve y aún faltaban tres, cábalas por allí cábalas por allá sobre lo que podría estar pasando. Nos disponíamos salir con los pocos presentes, en un día que nos mostraba la pintura de un firmamento despejado, augurio de un día de buen clima y buen sol, pero justo en esos instantes llegan Alberto Rivera, Orlando Carrillo, Pablo y al que más esperábamos a William Duarte, pues era nadie menos que el responsable de la dieta alimentaria de sus compañeros, es decir traía la energía para iniciar el esfuerzo del día. Solo quedaba Héctor, miramos en el chat, pero no se reportó, algún problema de “último momento” debió retenerlo pues no llegó.

Después de recoger, saborear y acomodar en los bolsillos la ración que William preparó para cada uno de los asistentes, la cual contenía frutas (mandarinas y bananos), galletas y bocadillos.

No sabemos bien cómo fue el negocio entre William y Guillermo, la vez anterior parece que Guillermo aportó el vehículo y fungió como conductor, esta vez entendemos que Guillermo gastó los refrigerios y Willy pagó el conductor del vehículo. No importa cómo haya sido, ambos merecen nuestro aplauso y agradecimiento, por la generosidad con sus compañeros.

A eso de las siete y treinta de la mañana, iniciamos nuestra faena. Rápidamente Luis Eduardo se sitúa a la cabeza del pequeño lote, con el buen ánimo y la fuerza necesaria de llegar al Km9 de la vía a la Mesa de la mejor forma y a la vez guardar energía para el regreso desde puerto Araujo.

En los metros finales Oscar tenía ya en su contabilidad el triunfo en la llegada al Alto en el K9 nueve, pero de pronto escuchó sus espaldas el sonido típico de un cambio desesperado de piñón y luego apenas alcanza a ver a una bicicleta que pasa como bólido en tremendo sprint, era William Duarte quien logró con ese remate coronar primero; Oscar quien apenas llegaba con lo mínimo, vio que era imposible seguir al estilizado escalador embalador, menos sabiendo lo que nos esperaba al regreso, luego pasa Henry y seguidos van llegando el resto de los integrantes del Octeto.

Cuenta la leyenda que rondaba por Mosquera que Alberto se fue quedando en la subida, Pablo lo animaba, entonces Guillermo baja el ritmo esperando y luego se encarga de Alberto y lo pone a la rueda de Carrillo y Pulga. ¿Te empujaron?, preguntaron; no señor, Guillermo solo me motivó con un toque en mi espalda para llegarles dicen los que escucharon la anécdota.

Iniciamos la bajada para continuar en busca de nuestro destino: Puerto Araujo. El descenso unos lo toman con precaución y otros como Alberto Rivera, con la confianza de un profesional, a setenta kmts por hora, más rápido que un avión sin alerón para aterrizar, seguido de Luis Eduardo a sesenta kilómetros por hora. Impresiona cómo varios Ciclobrs mostraron serenidad y destreza para este tipo de ejercicio y sobrada adrenalina en su cuerpo. Los más avezados bajan y luego se disponen a esperar a los que no disponen de todas esas cualidades en el arte del descenso.

Encontramos el tradicional restaurante congestionado, bastantes ciclistas en busca de una mesa que quedara libre para desayunar y tomar fuerza para la ardua tarea de ascender para nuevamente regresar al kilómetro nueve. Pulga, muy serio, dijo yo me devuelvo, a mí si me dieron desayuno en casa, así que, decidió empezar a a subir de una con Alberto, quien comparte esa tesis, sin repotenciarse y de paso obtener algo de ventaja en la subida.

Finalmente, Orlando, Pablo, Henry, Guillermo, William y Oscar obtuvieron mesa, entre chistes y anécdotas descansaron unos buenos minutos, para luego iniciar el regreso. Acuerdan que la cabeza del lote sea Orlando Carrillo, mientras sus cinco compañeros lo van animando. A un paso medio entre 8 y nueve k/hora y en algunos tramos a 10 k/hora.

De vez en cuando William parece aburrirse y pasa adelante apretando el paso, y calienta el parche, el resto del grupo lo sigue sin problemas, pero la víctima de esos lances fue Orlando Carrillo quien por el esfuerzo obtiene gratis un pequeño calambre antes de la llegada al cruce para Soacha, pero para fortuna de su salud encontró a una mujer que esperaba un transporte, ella le da algunas recomendaciones entre ellas un pequeño ejercicio levantando los brazos; lo tranquiliza le pide que no se preocupe pues no es el primer ciclista en llegar en la condición que presentaba Carrillo. Lo malo fue que la buena samaritana, perdió la flota y le tocó esperar otros minutos para seguir su viaje.

Con esas atenciones caídas del cielo, Orlando Carrillo se recupera, sus compañeros lo guían e inician nuevamente el recorrido hacia Mosquera

Pablo había seguido de largo hacia el nueve y allí lo esperaba Alberto, Pulga ya hacía rato estaba en el Zapatoca.

Con el último aliento que le quedaba Orlando lograr llegar al nueve donde estaban Pablo y Alberto.

Según el registro de Alberto el primero en llegar al 9 fue él seguido de Luis Eduardo, luego arribaron Pablo, Guillermo, Orlando, William, Henry y Oscar. Nos alegramos de encontrar a Alberto esperando y tomando el registro de llegada al nueve y luego repartiéndonos galletas. Pulguita no me botó, fue que yo me quedé a esperarlos, manifestó.

Unos minutos de descanso para reanudar camino en bajada hacia Mosquera, sin antes escuchar a Alberto quien dice háganle que yo ya voy, y como ya es costumbre como rápido y furioso lo vemos pasar raudo demostrando nuevamente la habilidad que tiene para cuando se trata de bajar.

Ya en el plan los quedados William, Guillermo, Pablo y Oscar, armamos, como ha venido siendo costumbre antes de que cada llegada al punto de regreso, un sprint al cual llega primero Guillermo, seguido por William, Pablo y Oscar.

Al llegar al parqueadero de Zapatoca nos esperaban Alberto y nuestro compañero Luis Eduardo campeón indiscutible, gracias al poderoso desayuno que le había dado Nobile, el cual le evitó la parada en el K27; estaba ya descansado y con un buen ánimo.

Carrillo le dice a Pulga que, si lo vuelve a dejar tirado, cambia de perro, y le tira el vainazo: la vez pasada nos tenías refrescos en la llegada y ¿hoy que pasó? Eso lo motivó, fue al supermercado y volvió con six packs de juguitos de cebada para todos, agüita de aloe Vera para Carrillo y coca cola para él; todo indica que Pulga acudió a la caja menor, “para eso pagamos decía Guillermo”.

Así terminamos este relato en un hermoso día de buena camaradería entre anécdotas y risas, pensando ya en la próxima salida con la intención de ver una mayor participación, para que el grupo sea más grande en los próximos recorridos

Espero que les haya gustado el relato amigos, si no, mejor me pongo a vender pam vé.

En todo caso perdonen la mala letra.

 

Feliz semana

 

 

 

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