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Bogotá, junio 7 de 2026


Entre Arepas, Cuentos Chinos y Piernas Cansadas: La Dominguera de CicloBR que Nos Recordó por Qué Seguimos Rodando.

POR JAVIER VELANDIA Y PABLO TORRES

Dicen que las mejores historias del ciclismo no siempre se escriben en las grandes vueltas ni en los monumentos europeos. Muchas veces nacen en una conversación de WhatsApp, en un mensaje enviado con buena voluntad, en un café compartido antes del amanecer o en una simple invitación para salir a rodar con los amigos. La salida de CicloBR del domingo 7 de junio de 2026 fue precisamente una de esas historias que merecen ser contadas.
Todo comenzó varios días antes, cuando desde el viernes 5 de junio, Pablo Torres, siempre con la camiseta número diez puesta y dispuesto a sacar adelante cualquier actividad del grupo, escribió en el chat de WhatsApp de CicloBR:
"Buenos días, familia CicloBRs, el próximo domingo la programación es al Alto de las Arepas y queremos confirmar la asistencia para coordinar la logística. El conductor elegido Alberto Rivera se excusa, si alguien se puede postular le agradecería".
Como suele ocurrir en las familias ciclistas, poco a poco fueron apareciendo las respuestas. Unos confirmaban de inmediato, otros dejaban el suspenso para el último momento y algunos, como quien escribe estas líneas, mantuvimos la incertidumbre hasta pocas horas antes de la salida. Finalmente apareció el mensaje salvador:
"Por inconvenientes de última hora, confirmo asistencia 🤪. Me dieron permiso hoy".
El grupo respondió entre risas porque todos sabían perfectamente qué significaba aquella frase. En el ciclismo aficionado existe una regla universal: conseguir las piernas es importante, pero conseguir permiso para salir a montar puede ser todavía más difícil.
Con las confirmaciones completas, nueve pedalistas quedaron oficialmente inscritos para la aventura dominical. El destino sería el tradicional recorrido Chía, Alto de las Arepas, Chía, una ruta que combina paisajes espectaculares, buen pavimento, exigencia moderada y uno de los desayunos más esperados por cualquier ciclista de la Sabana de Bogotá.
La mañana amaneció generosa. Ni el sol castigador que derrite las reservas de agua antes de tiempo, ni la lluvia persistente que convierte cualquier salida en una prueba de supervivencia. El clima parecía haber leído el chat de CicloBR y decidió colaborar con la logística. Cielo parcialmente nublado, temperatura fresca y una brisa amable acompañaron desde el primer pedalazo.
El punto de encuentro fue el tradicional Asadero de Don José, escenario de innumerables salidas, reencuentros y despedidas temporales. Allí fueron llegando los integrantes del grupo.
Sin embargo, algunos ya habían hecho una jornada completa antes de llegar. Don Guillermo Durán, William Duarte, Henry Charry, Pablo Torres y Duberney Marín decidieron arrancar desde sus respectivas casas. Cuando llegaron al punto de encuentro ya acumulaban cerca de 26 kilómetros en las piernas. Llegaron calientes, sueltos, con la máquina lubricada y listos para cualquier desafío.


Acompañándonos estuvo también Diana Sierra, integrante del Staff Cycling y ángel guardián motorizado de la jornada. Su presencia aporta tranquilidad y seguridad al grupo, especialmente en los tramos con mayor tráfico.

Nota: Me dijeron que la si la sra de la foto es ..., pensándolo bien, la verdad se parece un poquito, ¿será que vino de incógnita a espiarnos?. No no creo, ella no maneja moto.

En esta ocasión se tomó una decisión poco habitual. La tradicional foto de salida no se haría en el Asadero de Don José. Por consenso general se acordó reservar la fotografía oficial para la cima del Alto de las Arepas.

Una decisión acertada porque las mejores postales siempre se ganan con esfuerzo. Oscar se levantó, no prendió la luz para no molestar a su Sra, metió la mano al closet y sacó la primera camiseta que encontró, casi le atina.

 

La ruta arrancó con calma. No había afán. Las primeras pedaladas sirvieron para reencontrarse, ponerse al día y compartir historias acumuladas durante semanas.
Entre charla y charla el lote avanzó por la Sabana. El paso era constante, cómodo y agradable. El sol aparecía tímidamente entre las nubes mientras el grupo se dirigía hacia Sopó. La carretera se mostraba amable y el ambiente era de esos que recuerdan por qué el ciclismo es mucho más que deporte.
La ruta Chía, Alto de las Arepas, Chía ronda los 55 kilómetros de recorrido para quienes parten desde el punto de encuentro. La altimetría supera los 900 metros acumulados y tiene como principal atractivo el ascenso al Alto de las Arepas, una subida de aproximadamente 8 kilómetros con pendientes promedio cercanas al 5 por ciento y algunos sectores que alcanzan entre el 8 y el 10 por ciento.
No es una subida imposible, pero sí suficiente para que cada ciclista descubra exactamente en qué estado se encuentran sus piernas.
Y vaya si las piernas hablaron.


Al llegar al sector donde inicia la verdadera exigencia de la jornada apareció el primer movimiento táctico. Duberney Marín tenía una misión especial. Su entrenador le había programado trabajos específicos y, fiel a la disciplina que lo caracteriza, decidió cumplirlos al pie de la letra.
Lo que ocurrió después podría describirse de una manera muy sencilla.
Prendió la moto.
Y desapareció.
Quien escribe intentó seguirle la rueda durante los primeros metros. La ilusión duró exactamente lo que tarda una pendiente en recordar la realidad. Al finalizar el primer repecho quedó claro que aquella persecución tenía el mismo futuro que una sombrilla en medio de un huracán.
Error de cálculo monumental.
El nivel de Duber está por las nubes.
Mientras el resto intentaba encontrar un ritmo cómodo, él continuaba acumulando kilómetros rumbo a Teusacá, varios kilómetros más allá del Alto de las Arepas, antes de devolverse para reencontrarse con el grupo.
Detrás de él comenzó otra batalla igual de interesante.
Rápidamente apareció Germán Mapica, conocido cariñosamente como Germando, acompañado por William Duarte. Ambos mostraron un estado físico admirable. Se nota el compromiso con los entrenamientos, la constancia y la disciplina.
Los kilómetros fueron pasando y la dupla se convirtió en el espectáculo principal de la subida.
William tomó la iniciativa durante buena parte del ascenso. Parecía encaminado hacia la segunda posición del día. Sin embargo, el ciclismo tiene una característica fascinante: las carreras no terminan hasta cruzar la meta.
A falta de apenas 300 metros para coronar, Germando encontró reservas escondidas quién sabe dónde. Sacó carácter, sacó orgullo, sacó piernas y lanzó un ataque final que sorprendió a todos.
Metro a metro comenzó a abrir diferencia.
William respondió.
Germando insistió.
William volvió a responder.
Pero esta vez el impulso final fue suficiente.
Germando cruzó segundo.
William tercero.
Quien escribe llegó en cuarta posición.
Muy cerca aparecieron Marcolino Barrera, Don Guillermo Durán, Pablo Torres, Henry Charry y Oscar Tascón.
Todos vencedores.
Porque en el ciclismo aficionado no gana únicamente quien llega primero. Gana quien madruga, quien se presenta, quien pedalea y quien comparte.
Ya en la cima llegó el momento de la foto oficial.
De derecha a izquierda quedaron inmortalizados Marcolino Barrera, Henry Charry, Germán Mapica, Guillermo Durán, Oscar Tascón, Orlando Carrillo "Cariño", Pablo Torres, William Duarte, Duberney Marín y Javive.
Una fotografía que resume perfectamente el espíritu de CicloBR.
Amistad.
Compañerismo.
Persistencia.
Y muchas ganas de seguir acumulando historias.
Después vino uno de los momentos más esperados de cualquier salida ciclista: el desayuno.
Las famosas arepas hicieron honor a su reputación.
El restaurante estaba completamente lleno y el servicio avanzaba con cierta lentitud. Sin embargo, en grupos como CicloBR eso rara vez representa un problema. Mientras llegan los pedidos siempre aparecen conversaciones que terminan convirtiéndose en parte de la aventura.
Y esta vez el protagonista fue Orlando Carrillo. O mejor dicho, "Cariño".
Las historias de su reciente viaje a China capturaron la atención de toda la mesa.
Relató anécdotas sobre la cultura, las ciudades, la comida y las costumbres de aquel inmenso país. Escuchábamos atentos. Algunos fascinados. Otros incrédulos.
Y alguno que otro preguntándose si realmente había ocurrido todo lo que estaba contando.
Aunque según él, no eran cuentos chinos.


Y por primera vez en la historia reciente de CicloBR, quizás tenía razón.
Entre risas, bromas y tazas de café, también hubo tiempo para planear el regreso.

Fue entonces cuando el grupo se dividió.
Los más ambiciosos decidieron prolongar la aventura realizando el tradicional VALS, la famosa Vuelta a la Sabana.
Don Guillermo, Pablo, Henry, William y Oscar tomaron rumbo hacia La Calera para posteriormente ascender Patios y completar una jornada mucho más extensa.
Una decisión reservada para piernas valientes y corazones optimistas.
Esperamos con expectativa el reporte oficial de Pablo sobre semejante travesía. Acá lo tenemos:

"LA ETAPA SE PUEDE ALARGAR, PERO NO RECORTAR.

El día nos motivaba y la carretera nos alentaba, para seguir hacia el pueblo de la Calera, bordear el embalse de San Rafael, descolgarnos hasta pasar por el puente del rio Teusacá y comenzar el ascenso a patios, dos kilómetros larguitos, para luego descolgarnos y llegar a la séptima con ochenta y cinco, este recorrido se conoce como el vals (vuelta a la sábana), al llegar al alto de la arepa el cronometro registraba 45 km, finalizado el recorrido Pablo, completaría los 80 km y el combo de Guillermo, Oscar, William y Henry los 92 km, desnivel positivo 779 m y Strava le reconocía tres premios a Guillermo.
El reto era coronar el alto de Patios en grupo, este objetivo se logró con un paso moderado, las pulsaciones en promedio 144 pp., la charla y el paisaje nos sirvieron de excusa para olvidarnos del cansancio y mantener el grupo, esta vez siguiendo el paso de William que por momentos se nos iba, pero el espejo retrovisor le funciono y logró mantener el grupo compacto y coronamos agrupados.
Me viene a la memoria, cuando comencé a salir con CicloBRr, era lo acostumbrado salir en bici desde la casa y regresar sin hacer uso del carro, claro eran otros tiempos y en una ocasión realizamos una etapa de las que acostumbramos a realizar y terminaba el alto de Patios, hoy evocamos y logramos realizar el recorrido como en aquellos años mozos, claro disfrutando la salida y manteniendo una consigna, mantener el paso y el ritmo pensando en los menos entrenados.
Llegando a la séptima nos encontramos con Daniel Carrillo y su esposa, grato verlos y esperamos que para la siguiente salida: SIBERIA – EL VINO – LA MONA – SIBERIA, mejoremos el quórum.

Feliz Semana".

Mientras tanto, Duber, Marcolino, Germando, Cariño y Javive emprendimos el camino de regreso hacia Chía acompañados por Diama Sierra.
El pacto era simple. Nada de locuras. Nada de ataques. Nada de heroísmos innecesarios. Ritmo moderado. Todos agrupados. Todos juiciositos.
Porque la realidad es que varios integrantes del grupo, incluyendo a quien escribe, reconocemos sin vergüenza que estamos algo fuera de forma.
Y las piernas nunca mienten.
La carretera hacia Sopó transcurrió sin sobresaltos. El lote avanzaba compacto entre 30 y 35 kilómetros por hora.
Marcolino iba perfectamente protegido por el grupo.


Y hablando de Marcolino, merece un reconocimiento especial.
Se puso la camiseta diez. Nos sorprendió con bananos, bocadillo y galletas para compartir durante la jornada. Pequeños gestos que hacen grande a una comunidad. Porque el ciclismo no se construye solamente con vatios y kilómetros. También se construye con generosidad. Con compañerismo.
Con detalles que parecen pequeños pero que todos recuerdan.
El clima continuaba siendo un aliado perfecto. Nublado, fresco y sin lluvia.
La carretera permitía rodar cómodamente mientras el cansancio comenzaba a acumularse en las piernas.


Fue entonces cuando llegó una de las frases memorables de la jornada. A la altura de hato grande, Orlando soltó:
"Marica, estoy mamado". La respuesta salió casi de inmediato.
"Yo también". Las carcajadas fueron inevitables.
Porque ambos sabíamos exactamente lo que estaba ocurriendo.
El cuerpo estaba pasando factura.
Las pausas prolongadas, la falta de continuidad y los entrenamientos intermitentes siempre terminan cobrando intereses.
Y esos intereses suelen pagarse en cuotas de sufrimiento durante los últimos kilómetros. No es un cuento chino, es una ley universal del ciclismo.
Finalmente llegamos agrupados al Asadero de Don José.
Misión cumplida.


Duber continuó su camino rumbo a casa acumulando más de cien kilómetros en la jornada.
Una demostración adicional del extraordinario momento deportivo que atraviesa.
Los demás nos quedamos compartiendo una pequeña tertulia post ruta.
Esas conversaciones finales suelen ser tan importantes como la salida misma.
Allí Germando hizo una reflexión que merece ser recordada.
Comentó que el grupo ha demostrado una enorme resiliencia.
Y tiene razón.
A pesar de las dificultades, los compromisos laborales, las obligaciones familiares, las lesiones, los viajes y los desafíos cotidianos, CicloBR continúa rodando.
Siempre aparece alguien dispuesto a ponerse la camiseta.
Siempre aparece alguien dispuesto a ayudar.
Siempre aparece alguien dispuesto a organizar.
Por eso también enviamos un saludo muy especial a Orlando Márquez, quien sigue apoyando silenciosamente desde detrás de bambalinas.
Esperamos que su salud continúe mejorando y que muy pronto vuelva a acompañarnos en carretera.
De igual manera, gracias a Pablo por la coordinación constante de las salidas y por asumir responsabilidades que muchas veces pasan desapercibidas.
Junio será un mes interesante.
Vienen festivos.
Viene el Día del Padre.
Vienen elecciones.
Y también el Mundial, que seguramente captará la atención de varios integrantes del grupo.
De hecho, durante la tertulia final quedó claro que algunos colegas tienen planes de viajar para acompañar a la selección.
No revelaremos nombres.
Pero casualmente dos de los sospechosos estaban presentes en la conversación.
Y uno de ellos venía precisamente llegando de China contando historias muy interesantes.
Pura coincidencia, por supuesto.
Así concluyó la salida dominical de CicloBR del 7 de junio de 2026.
Una jornada sin caídas.
Sin pinchazos.
Sin lluvia.
Con buen clima.
Con excelente compañía.
Con arepas memorables.
Con piernas cansadas.
Y con la certeza de que seguimos construyendo algo mucho más importante que un grupo de ciclismo.
Seguimos construyendo amistad.
Para quienes no pudieron asistir, estas líneas intentan acercarlos un poco a lo que vivimos.
Y para quienes estuvimos allí, quedará el recuerdo de otra mañana compartida sobre dos ruedas.
Ojalá en la próxima salida no seamos diez.
Ojalá seamos quince.
Porque las rutas siempre son bonitas.
Pero cuando se recorren entre amigos, se vuelven inolvidables.
Buena semana para toda la familia CicloBR.
Nos vemos en la próxima rodada.

NOTA: Dado que Alberto no pudo asistir para cumplir su turno como conductor elegido, corrimos los turnos que aparecían, quedarían así:

 

 

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