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Bogotá, julio 27 de 2026
Travesía Bogotá - junio 25/julio 4 de 2026
POR PABLO TORRES
Segunda Etapa - Jueves 25
La prueba de fuego “Coronar la Línea” con fin de etapa en La Tebaida.
Nos enfrentarnos a la mítica subida de la Línea saliendo del Boquerón en Ibagué. Son 30 km a Cajamarca, rematando con 20 km en el Alto de la Línea y una larga subida de 50 km sin descansos, finalizando con un largo trayecto de sube-bajas que nos llevarían a Bugalagrande, teniendo que dar por terminada la etapa antes, debido a pinchadas, el cansancio y la llegada de la noche.

Después de un reparador descanso hora de levantada cinco y media, cita en el vestíbulo del hostal seis a.m, preparándonos para la etapa más exigente, pero al mismo tiempo la que nos motivaba en esta travesía. El uniforme, camiseta blanca 35 años, ideal para el sol que nos esperaba, salimos a las seis y media. Para calentar piernas nos recibe una larga subida (30 km) sin descansos que nos llevaría a Cajamarca, allí llegamos alrededor de las nueve, el restaurante para desayunar recomendación de Moisés, ubicado en las afueras del pueblo, listo para encarar la Línea.
El desayuno con al acostumbrado caldo de costilla, huevos al gusto, chocolate y arepa, apenas para tener tanque suficiente, recargamos las caramañolas con agua, sales hidratantes que Willy nos compartió y no faltó el Gatorade, para otros el Electrolit, estas precauciones son claves para no sufrir un golpe de calor; la temperatura estaba alrededor de los 27 grados.
Retomamos la ruta y en esta parte de la Línea la carretera es de doble vía, estrecha, con alto tráfico de tractomulas, camiones, flotas y carros particulares. La atención requerida era máxima nos mantenía alertas y cuidadosos de los movimientos. Avanzamos en grupo en promedio de 7-8 k/h de velocidad, las pulsaciones entre ciento veinte y ciento cuarenta, un trabajo aeróbico, que nos facilitaría cumplir con el objetivo de coronar La Línea.

Nos encontramos ahora la carretera en un solo sentido para Calarcá, habilitada para ciclistas, debido a que la nueva carretera por los túneles, no tiene permitido el tránsito de ciclistas. Ahora podemos ir más sueltos, cada uno va a su paso, adelante Moisés, William y Edward, en el medio voy yo y al final Guillermo con Oscar, la carretera siempre será la encargada de seleccionar al grupo y ponernos en el puesto correspondiente.
Pasadas las once de la mañana llegamos al peaje, paramos para las respectivas fotos, descansar e hidratarnos. Ya vamos por el setenta por ciento de la subida a la Línea y el sol nos va castigando, pasamos dos puentes que nos dejan ver el paisaje de la zona cafetera, llegamos a un punto donde disfrutamos de una caída de agua, nos reagrupamos y vamos por los últimos cinco km, que son los más duros, cada uno sube a su paso, superando los miedos y monstruos que con cada pedaleada son vencidos pero que nos castigan las piernas, el ácido láctico comienza a subir, las pulsaciones ahora superan las ciento cincuenta p/m, debido al porcentaje de la inclinación que finalizando la subida supera los dos dígitos. Son las doce del día, finalmente logramos superar y coronar este gran reto que se ha convertido en un verdadero mito para los ciclistas por las dificultades propias de la topografía y el clima que por fortuna nos acompañó el sol.


   
En el alto capturamos la evidencia fotográfica del logro alcanzado, al fondo de las fotos se alcanza a leer Alto de la Línea, evidenciando la satisfacción y alegría de haber culminado esta parte de la historia, ahora a descender. El grupo se deja descolgar y vamos de menos a más, los más avezados en las bajadas alcanzan los 60 km, en mi caso voy de último, de pronto veo a Oscar con la bicicleta en la mano, tercera pinchada, decidimos subir las bicicletas al carro para no perder tiempo. En Calarcá buscamos un lugar para despinchar y cambiar la cinta protectora de los aros que eran los causantes de tantas pinchadas, la demora fue subir las bicis al carro y comenzar a descender, poniendo a prueba la experticia de cada uno en estos descensos pues finalmente no los alcanzamos. Decidimos llamarlos y nos confirman que estaban ingresando a Calarcá, les informamos la novedad de la pinchada y nos vamos a buscar una bicicletería. Willy nos llama enviando la ubicación del sitio de almuerzo. Llegamos a la bicicletería se cambian los protectores de los rines y se compran neumáticos nuevos, partimos para el punto de encuentro, son las dos de la tarde, el restaurante se llama “la Casona de Elena”, la comida recomendada, pero en servicio al cliente se rajan. Pasaban las tres de la tarde el sol habia bajado y así la temperatura. Oscar descarga la bici y para sorpresa de todos, nuevamente la rueda trasera pinchada, ni modo a cambiar neumático ya nos cogió la tarde, rodamos con dirección a Bugalagrande, esta carretera sigue siendo de doble vía y con bastantes repechos, los que la conocen aprovechan el descenso y logran coronar la subida sin pedalear, pero nos dan las seis de la tarde cuando llegamos a La Tebaida.
Oscar realiza la avanzada y consigue un hostal, separa las habitaciones y aprovechamos para que nos lavaran los uniformes, hoy la etapa alcanzó los 149 km, las piernas y el cuerpo en general sintieron el esfuerzo, decidimos ir a la cafetería del hostal para aplicarnos una dosis recargada de frías que nos cayeron como anillo al dedo. Nos fuimos a descansar y no contábamos que al lado del hostal la rumba iría hasta las tres de la mañana, por lo que el descanso no nos alcanzó para recuperarnos suficientemente para la etapa del día siguiente, con columpios y terreno plano, con largas rectas propias del Valle del Cauca.
Tercera etapa La Tebaida – La Candelaria- Junio 26
Antes de Bugalagrande paramos a desayunar en el restaurante “La Negra”, su dueña con la amabilidad propia de la gente de la región, nos ofreció caldo, calentado, huevos al gusto, tinto o chocolate y jugos, quedamos bien recargados para avanzar en la etapa. A las once de la mañana luego de un largo sube y baja llegamos a Bugalagrande municipio natal de Oscar Tascón, a donde teníamos programado llegar el día anterior.
Llegamos a la casa de la amiga de infancia y de colegio, de Oscar, socios en la empresa despulpadora de fruta. Ya sentados en la sala de la casa de la familia Latorre Arias, aparece la dueña de casa, Zulamita Arias, muy pinchada como decimos los rolos, con un humor muy agradable y con la belleza propia de las mujeres del Valle. Nos atendieron con deliciosos pandebonos, pandeyucas y panelitas de manjar blanco, una verdadera delicia, que nos empacaron para el camino.
Nos contaron la historia de la época dorada de Bugalagrande cuando el municipio creció con la llegada de la multinacional Cicolac, que después se llamaría Nestlé y que con orgullo nos cuentan, fue el municipio que amamantó al pueblo colombiano. En los años setenta el tren funcionaba y conectaba la región con Buenaventura, Cali, Tuluá, Buga, Palmira, Yumbo y Zarzal, extendiéndose hasta el departamento del Quindío.
Durante los mismos años, Bugalagrande fue muy próspera, hoy se mantiene, pero la caña de azúcar se convirtió en el monocultivo del departamento. Estos cañaduzales nos acompañaron todo el camino hasta bien entrados al departamento del Cauca. Nuestro compañero Oscar, trabajò en Cicolac y ya siendo Nestlé, fue trasladado a Valledupar, desempeñando funciones en el departamento jurídico.
Retomamos camino siendo las doce del día realizando otra parada, esta vez la hidratación corrió por cuenta de Oscar, la tanda de frías ahora las acompañamos con Coca-Cola mezcla que no había probado, pero al paladar sentía una sensación agradable de querer repetir.
Lo que nos faltaba hoy en la etapa fue una contrarreloj, en la que rodamos entre los 34 y 40 km finalizando sobre los 45 km/h para un total de 153 km. Esta parte de la vía la están ampliando y va a quedar de doble calzada. Las carreteras del Valle se encuentran en muy buen estado y las están mejorando.
Pasando al peaje de Villa Rica, ingresamos al departamento del Cauca, Edward se siente ya en sus terrenos y nos invita a la correspondiente hidrataciòn, el cuerpo lo agradece la tanda en con Águila litro y acompañada con Coca-Cola, esta mezcla, creo, ayuda a recuperar la pérdida de sales y bajar la temperatura corporal, retomamos el camino y hacia las cuatro de la tarde llegamos a Candelaria. A la salida del pueblo encontramos una estación de gasolina con hostal incluido, especial para el descanso de los conductores de las tractomulas. Después de instalarnos nos encontramos en el restaurante para realizar el almuerzo-cena, aprovechamos para ver el partido de Colombia y conectarnos con el mundo real, o mejor salir de nuestra realidad paralela y entrar en modo mundialista, finalizado el partido y con Colombia ganando nos fuimos de descanso.
Al día siguiente la vía que nos llevaría a Popayán - Departamento del Cauca.
ESTA HISTORIA CONTINUARÁ.Espere la tercera parte. |