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Bogotá, junio 14 de 2026
CRÓNICA DE UNA DOMINGUERA MEMORABLE EN CICLOBR
EL JUICIO DEL ABOGADO PERDIDO, LOS INVITADOS FANTASMA Y LA MOTO DE WILLY.
POR JAVIER Y. VELANDIA
Apenas una semana después de nuestra agradable visita al Alto de las Arepas, donde entre cuentos chinos, arepas, piernas cansadas y buena compañía recordamos por qué seguimos rodando juntos, llegó una nueva cita dominical para la familia CicloBR. Si la salida anterior nos había dejado con ganas de más kilómetros, esta vez la propuesta prometía una dosis adicional de montaña, aventura y sufrimiento controlado. El destino sería una ruta clásica de la Sabana: Siberia, Alto del Vino, Chuscal y regreso a Siberia.
La semana había transcurrido entre trabajo, compromisos familiares, obligaciones de todo tipo y uno que otro dolorcito de piernas que aparece misteriosamente cuando no se entrena. Sin embargo, cuando llega el sábado, todos sabemos que el verdadero tema importante del grupo de WhatsApp no son las noticias nacionales ni los partidos de fútbol. La verdadera pregunta es una sola: ¿quién va a montar mañana?
Como suele ocurrir en CicloBR, las confirmaciones arrancaron tímidamente. Parecía una de esas salidas que corrían el riesgo de quedarse sin quórum. Javive y Pablo Torres, siempre atentos a la logística y con la camiseta número diez bien puesta, escribimos en el grupo para solicitar las confirmaciones correspondientes y organizar todos los detalles.
Poco a poco comenzaron a aparecer los mensajes.
Uno confirmó.
Después otro.
Luego dos más.
Y cuando menos pensamos, la lista comenzó a crecer hasta garantizar que sí habría rodada.
Afortunadamente el grupo volvió a demostrar algo que Germando había mencionado la semana anterior durante la tertulia final en Don José: la resiliencia. Podremos ser pocos o muchos, podremos estar más rápidos o más lentos, podremos llegar con mejor o peor estado físico, pero siempre aparece alguien dispuesto a ponerse la camiseta para que la salida se realice.
En la programación original el turno del conductor elegido correspondía a Javier Fernández. Sin embargo, revisando cuidadosamente la programación y la crónica anterior se descubrió una pequeña inconsistencia logística que habría puesto nervioso hasta al mejor auditor. Después de una rápida revisión de antecedentes, soportes, evidencias y archivos históricos de CicloBR, se concluyó que el turno realmente le correspondía a Alberto Rivera.
Alberto, con la tranquilidad que lo caracteriza, aceptó inmediatamente.
Y aquí apareció una de las mejores noticias de la jornada.

Para que Alberto pudiera rodar con el grupo, su esposa Lucila asumió el rol de conductora oficial.
Desde estas líneas queremos agradecer enormemente a ambos porque además de la compañía nos prepararon un espectacular refrigerio compuesto por banano, bocadillo, galletas y chocolatina. Un refrigerio de campeonato.
Un refrigerio diseñado por personas que claramente entienden las necesidades nutricionales de un ciclista.
Un refrigerio tan completo que varios empezamos a sospechar que Lucila y Alberto habían contratado a un nutricionista secreto para la ocasión.
Gracias Albert. Gracias Lucila.

Porque la ruta que nos esperaba no era precisamente un paseo por el parque.
La fotografía oficial de la jornada quedó integrada, de derecha a izquierda, por Alberto Rivera, Luis Hebert, William Duarte, Henry Charry, nuestro querido Charrito, Duberney Marín, Héctor Pedraza, Marcolino Barrera, Melquisedec Reina, Pablo Torres y Javive, quien escribe estas líneas.
Curiosamente, como si los planetas se hubieran alineado, todos los confirmados llegaron temprano. Todos.
Bueno, casi todos. Faltaba Cariño.
Pasaban los minutos y no aparecía. Volvimos a mirar y seguía sin aparecer.
Entonces procedimos a aplicar el protocolo internacional de búsqueda de ciclistas desaparecidos. Lo llamamos.
La respuesta llegó rápidamente.
Había pasado una mala noche y no podría acompañarnos.

Desde aquí le enviamos un saludo y esperamos verlo nuevamente muy pronto en carretera.
Con el grupo completo, la foto de rigor y el entusiasmo intacto, arrancamos exactamente a las 7:26 de la mañana. Sí a las 7:26 am.
Todo un récord histórico para CicloBR, inclusive Pablo llego temprano.
Los historiadores del grupo todavía están revisando documentos antiguos para confirmar si alguna vez habíamos salido tan puntuales.
Durante los primeros kilómetros acordamos rodar agrupados para calentar las piernas y disfrutar del recorrido.
Sin embargo, antes de arrancar se abrió uno de los debates jurídicos más importantes de los últimos tiempos.
El tema central era la situación de los famosos invitados permanentes.
Esos invitados que normalmente llegan acompañando a Guillermo, William o Javier.
Esos invitados que son invitados, pero ya parecen miembros oficiales.
Esos invitados que esta vez no llegaron a tiempo.
La discusión tomó tal nivel que Alberto propuso que para la próxima sería necesario contratar otro abogado para revisar los términos y condiciones de los invitados permanentes.
Alguien preguntó:
¿Y qué pasa si el abogado tampoco llega a tiempo?
A lo que otro respondió:
Pues contratamos otro abogado para demandar al primer abogado.
Y así, entre carcajadas, quedó demostrado que cuando un problema entra a un despacho jurídico puede tardar menos en resolverse una tutela que una convocatoria ciclista.
No siendo más, su señoría dio por terminada la audiencia.

Y arrancamos.
Los primeros kilómetros transcurrieron a velocidades entre 30 y 35 kilómetros por hora. El clima estaba sencillamente espectacular, cielo parcialmente nublado, temperaturas frescas, ausencia total de lluvia, condiciones ideales para pedalear.
Mientras avanzábamos, Duber compartía algunas experiencias sobre el trabajo que viene realizando con su entrenador.
Escuchar a Duber hablar de entrenamiento es como escuchar una clase magistral sobre disciplina.
Sus consejos fueron muy bien recibidos y seguramente más de uno terminó tomando apuntes mentales.
Por su parte Melquisedec actualizaba el cuaderno con los compañeros y dejó entrever que posiblemente lo veremos con mayor frecuencia en futuras salidas.
Una excelente noticia para el grupo.
La ruta avanzaba con tranquilidad mientras nos acercábamos al Alto del Vino.
Este ascenso representa uno de los puertos más tradicionales de la región.
La subida principal ronda los 7 kilómetros con pendientes promedio cercanas al 5 por ciento y varios sectores que alcanzan el 8 por ciento.
La ruta completa acumula cerca de 1.300 metros de desnivel positivo y supera los 75 kilómetros dependiendo de las variantes realizadas, una ruta respetable, una ruta que exige, una ruta que premia a quienes llegan preparados.
Y precisamente allí apareció William Duarte.
O mejor dicho.
Apareció la moto de William Duarte.
Antes de iniciar la subida se le encomendó una sencilla tarea.
Adelantarse para verificar información sobre el nuevo restaurante donde desayunaríamos, una misión logística, nada complicado, nada competitivo.
Pero William tomó la responsabilidad tan en serio que decidió subir como si estuviera disputando una etapa del Tour.
Coronó en primera posición.
Aunque existen rumores de que una señorita bastante atractiva pasó por el sector y William decidió irse a rueda para estudiar detalladamente la técnica de pedaleo.
La investigación continúa.
Luis Hebert tampoco quiso quedarse atrás.
Y por alguna extraña coincidencia también apareció siguiendo la misma rueda.
No sabemos qué ocurrió exactamente.
Pero seguramente la comisión investigadora de CicloBR entregará conclusiones en las próximas semanas.
Los demás seguimos a ritmo controlado, guardando energía.
Porque todos sabíamos que lo más duro todavía estaba por llegar, al coronar el Alto del Vino nos reagrupamos. Fue entonces cuando apareció la gran duda de Héctor Pedraza.
¿Bajamos o no bajamos hacia la quebrada?
La pregunta era válida.
Porque una cosa es bajar.
Y otra muy distinta es tener que volver a subir.
Después de algunas conversaciones logramos convencerlo.
Si las piernas no respondían siempre existía la opción del vehículo.
Finalmente aceptó.
Y emprendimos el descenso.
Llegamos al restaurante conocido como El Colibrí, aunque prometemos confirmar oficialmente el nombre en la próxima salida para evitar demandas por errores periodísticos.
Debemos reconocer que llegamos con ciertas reservas, las experiencias gastronómicas recientes no habían sido precisamente sobresalientes. Sin embargo, la sorpresa fue muy positiva. Nos recibieron con café de cortesía y tomaron los pedidos rápidamente. La atención fue excelente.

Y mientras esperábamos comenzó una agradable tertulia, aprovechamos para felicitar a Lucila por su impecable conducción. Aunque también le recordamos uno de los principios fundamentales del conductor de apoyo de CicloBR. El conductor no solamente conduce, también debe ejercer funciones de fotógrafo oficial.
Ante semejante observación respondió entre risas: "Si hago el uno no hago el dos". Y la mesa completa estalló en carcajadas. Prometió practicar para la próxima.
La carta del restaurante resultó espectacular.

Caldo de pajarilla, caldo de costilla, caldo de pata, agua de panela, arepas rellenas de queso.
Pablo y Alberto se lanzaron sin miedo sobre el famoso caldo de pajarilla.
La calificación fue contundente. Diez sobre diez.
Por su parte las arepas rellenas tuvieron tanto éxito que Alberto decidió comprar dos paquetes para llevar.
Y todos sabemos que cuando un ciclista compra producto para llevar existe una sola conclusión posible.
La prueba fue superada. Restaurante aprobado oficialmente por los paladares de CicloBR.
Cuando terminábamos el desayuno aparecieron finalmente los famosos invitados.
Según la versión oficial llegaron tarde, según la versión no oficial estaban buscando abogado. Nosotros preferimos creer la primera.
Mientras tanto comenzó la reorganización del grupo.
Melqui, Héctor, Luis Hebert, Marcolino y Alberto decidieron regresar desde ese punto a ritmo tranquilo.
Entre tanto Duber ni siquiera se había detenido, continuó adelante cumpliendo rigurosamente su entrenamiento, algunos dicen que llegó a La Vega y otros aseguran que llegó más lejos, y hay quienes sospechan que todavía sigue pedaleando, la verdad exacta sigue siendo un misterio.
Por otro lado Pablo, Charrito, William y quien escribe tomamos rumbo hacia el Chuscal. La subida hacia la Quebrada del Vino se desarrolló con tranquilidad.
Hasta que William volvió a encender la moto, otra vez. Esta vez conectó con Duber y ambos desaparecieron por el horizonte.
Henry también está mostrando un nivel impresionante y Pablo continúa rodando con gran consistencia.
Y este servidor avanzó a ritmo conservador, recordando una vez más una ley fundamental del ciclismo. Si no entrenas, no rindes.
Más adelante el resto del grupo libraba una batalla silenciosa por llegar primero al punto de encuentro. Y aquí apareció la sorpresa del día, Marcolino Barrera cruzó primero, Luis Hebert llegó muy cerca, después Alberto y Luego Héctor y Melqui.
William y Henry también llegaron muy fuertes, en la mitad apareció Javive y algo más atrás Pablo y Duber.
Durante buena parte de la jornada Pablo había repetido que venía con el tanque vacío. Todos pensamos que estaba exagerando.
Pero al finalizar la etapa quedó demostrado que hablaba completamente en serio.
La gasolina deportiva efectivamente estaba en nivel reserva.
Finalmente nos reunimos en la estación Terpel Altoque para la tradicional tertulia de cierre.
Llegaron las polas reglamentarias para rehidratar.

Porque si existe una ciencia exacta dentro de CicloBR es que las mejores conversaciones siempre aparecen después de la ruta, Duber continuó hacia su casa acumulando una enorme cantidad de kilómetros.
Los demás comentábamos lo bien que había salido la jornada, el clima perfecto, el restaurante aprobado, los invitados perdidos, la compañía extraordinaria.
Y el excelente ambiente que caracteriza al grupo.
Aprovechando el Día del Padre, intercambiamos buenos deseos.
Y desde esta crónica queremos extender ese mensaje.
A quienes son padres, gracias por enseñar con el ejemplo, por madrugar, por acompañar, por apoyar y por demostrar que siempre existe tiempo para la familia y para los sueños.
A quienes aún no son padres, que nunca falten las oportunidades para construir legado, compartir experiencias y convertirse en referentes positivos para quienes los rodean.
Porque al final ser padre no solamente es una condición biológica.
También es una forma de acompañar, orientar y cuidar a los demás.
Entre conversación y conversación surgió otro tema inevitable.
El extraordinario nivel de William, nadie logra explicar qué está haciendo entre semana, las investigaciones continúan.
Una de las hipótesis más sólidas indica que consume parte de los arándanos de las cajas que comercializa. Algunos incluso sugieren revisar el peso de los empaques.
Por supuesto todo forma parte de una investigación completamente seria y objetiva realizada por los paparazis oficiales de CicloBR.
Finalmente llegó la hora de regresar a casa, cada uno comenzó a buscar compañero de vehículo para acercarse a su destino.
Marcolino llevó a William y Henry.
Pablo me acercó hasta Chía.
Y cuando parecía que la reunión terminaba surgieron nuevas propuestas para futuras aventuras.
La primera consiste en realizar una VALS, Vuelta a la Sabana, el próximo fin de semana aprovechando la jornada electoral y saliendo más temprano para ejercer posteriormente el derecho al voto.
La segunda propuesta llegó por iniciativa de Alberto, Visitar El Verjón el Sabado.
Según los reportes más recientes la vía fue renovada y el pavimento se encuentra en excelentes condiciones. La propuesta quedó sobre la mesa, y ya conocemos a CicloBR. Cuando una idea de ruta aparece, tarde o temprano termina convirtiéndose en realidad.
Así concluyó la salida del 14 de junio de 2026.
Una jornada llena de risas, buena carretera, excelente compañía, historias, debates jurídicos imaginarios, invitados misteriosos, caldos memorables y mucha pasión por el ciclismo.
Porque al final no son los kilómetros los que construyen los mejores recuerdos.
Son las personas con quienes los compartimos.
Hasta la próxima rodada, familia CicloBR.

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