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Bogotá, marzo 15 de 2026

Crónica por Javier Yesid Velandia L.

“El Día que Subimos Canicas hasta que las Piernas Dijeron Basta”

Crónica del Everesting sabanero de CicloBR – 15 de marzo de 2026

 

Hay rodadas que nacen tranquilas y terminan siendo memorables. Y hay otras que desde el primer mensaje en el grupo de WhatsApp ya prometen historia. La salida del domingo 15 de marzo de 2026 pertenece claramente a la segunda categoría. Todo empezó el jueves anterior, cuando alguien lanzó la propuesta que inmediatamente encendió la chispa entre los pedalistas de CicloBR: hacer un test tipo Everesting en el Alto de Canicas. Para quienes no están tan familiarizados con el término, el Everesting consiste en repetir un ascenso una y otra vez hasta acumular el desnivel equivalente al del Everest. En nuestro caso, la versión sabanera era más terrenal, pero no menos exigente: entre cinco y diez repeticiones del tramo que va desde la escuela hasta el alto de Canicas, una subida corta, intensa y engañosa de 3.1 kilómetros.

La convocatoria se hizo con entusiasmo, y poco a poco empezaron a aparecer los confirmados. Finalmente, once pedalistas dijeron presente, lo que ya era una excelente señal. Pero como suele ocurrir en los grupos de ciclismo y especialmente en los que llevan años compartiendo carretera, también aparecieron los comentarios que mezclan humor, camaradería y alguna que otra chispa de polémica.

A última hora apareció en el chat un mensaje de don Guillermo, siempre con su tono respetuoso y amable:
“Buenas tardes compañeros, pregunto a los jefes si se puede llevar invitados, pero no tienen camiseta blanca”.

La pregunta abrió la puerta a una conversación divertida. Alberto Rivera respondió con una sonrisa entre líneas:

“¿Pero son los mismos de la semana pasada, don Guillermo?”

Guillermo, sorprendido, preguntó por qué.

Alberto remató con un comentario que arrancó más de una risa:

“Ya esos son casi de CicloBR, porque van como invitados todos los domingos. Ya podrían pedirle a Pulga las camisetas”.


La conversación siguió en tono jocoso. Guillermo aclaró que la semana pasada no había salido y agradeció la respuesta. En medio del intercambio apareció Nobille, con espíritu conciliador:


“Don Guillermo, no hay problema con sus invitados”.


Y cuando todo parecía finiquitado, llegó el giro inesperado:

“Disculpas compañeros, no puedo acompañarlos a la salida de mañana. Gracias y buena rodada”.

 

La escena dejó una pequeña reflexión que vale la pena poner sobre la mesa. En el ciclismo de grupo, lo más importante no es quién tiene camiseta oficial, ni quién llegó primero al club.

Lo importante es rodar entre amigos, compartir carretera y conocer a quienes se acercan con ganas de pedalear. Los invitados muchas veces terminan siendo grandes compañeros de ruta, y la carretera siempre se encarga de mostrar quién encaja y quién no. Lo que sí está claro es que no vale la pena generar polémicas que dividan al grupo. La bicicleta, al final, está hecha para sumar kilómetros… no discusiones.


Y antes de entrar de lleno en la crónica del día, no se puede dejar pasar una fecha especial. El jueves 12 de marzo, don Guillermo celebró su cumpleaños número 73. Setenta y cuatro vueltas al sol, y todavía con ganas de seguir dando vueltas a las ruedas. Desde aquí un reconocimiento enorme. Porque en el ciclismo, la edad no se mide en años sino en kilómetros acumulados y sonrisas en la carretera.

 

Con ese ambiente de expectativa llegó el domingo. El punto de encuentro fue el de siempre: Altoque, en la estación de gasolina de Estación Terpel Siberia. A las 7:30 de la mañana, con un sol sabanero que prometía calor del bueno, se tomó la foto de rigor.

De derecha a izquierda en la foto de portada aparecen Javier Fernández, William Duarte, Marcolino Barrera, Héctor Pedraza, Henry Charry, Luis Hebert, Adrila, Germán Mapica (Germando), Óscar Tascón, Javive quien escribe esta crónica, Duber Marín, Luis Eduardo Pulgarín (Pulga) y Pablo Torres.

Todos de blanco como soñaba Albert.

 

El turno del conductor elegido era para Duber Marín, pero en esta ocasión quien nos acompañó fue su esposa Beatriz Helena de Marín, encargada de los refrigerios y del apoyo logístico.

Un lujo tenerla acompañándonos en la ruta. En ciclismo, un carro de apoyo con una conductora de buena actitud vale casi tanto como un gregario en el Tour.

Con la foto tomada y los cascos bien ajustados, el grupo arrancó rumbo a El Rosal, primera escala del recorrido hacia Subachoque. La mañana estaba espectacular: cielo despejado, temperatura cercana a los 18 grados, viento suave y ese olor a campo que siempre acompaña las salidas de la sabana.


No habían pasado muchos kilómetros cuando llegó el primer error de comunicación del día. Luis Hebert y Marcolino estaban a punto de tomar el desvío hacia Puente Piedra. Por fortuna el pelotón reaccionó rápido y los orientamos: la ida hacia Subachoque sería por el Rosal. El mensaje llegó a los ciclistas… pero no a nuestra conductora.
Beatriz Helena siguió derecho.
Duber intentó alcanzarla con un sprint digno de final de etapa, pero parece que ella iba en otro cuento. Finalmente hizo retorno en La Vega, mientras Duber se quedó esperándola para orientarla por la vía correcta.

Cuando el grupo entró al Rosal apareció una sorpresa digna del Tour de Francia: aproximadamente dos kilómetros de pavé improvisado. Habían levantado la carpeta asfáltica y el tramo estaba lleno de piedras y polvo. Por un momento nos sentimos rodando por la París-Roubaix… solo que sin cámaras de televisión y con menos glamour.


Superado el tramo, el pelotón rodaba a unos 35 km/h, cuando alguien avisó:

“Bájenle que Oscar y Duber se quedaron”.

El grupo redujo el ritmo y aprovechó para comer algo. Fue entonces cuando ocurrió uno de los momentos más comentados del día.


Marcolino abrió su barrita secreta, conocida en el grupo como “el doping”. Apenas le dio un mordisco… la barrita cayó al suelo. Javive, atento, la recogió y se la devolvió para que terminara de comérsela.
Pero las malas lenguas dicen que Javive le pegó un mordisco al doping de Marcolino antes de devolverla.

La acusación no tardó en llegar desde la cola del pelotón. Pablo, entre risas, decía que había que demandar la salida por doping y que tocaba llamar a un abogado. Lástima que Alberto Rivera, experto en la materia, no asistió ese día. Seguro nos habría regañado por la montadera.

Que quede claro: aquí el único doping permitido es el humor.

El grupo finalmente llegó a Subachoque sin contratiempos. Duber se quedó esperando a su esposa por precaución, mientras los demás nos adelantamos hasta la escuela para explicar la mecánica del test.


Pablo se puso la diez y dio las instrucciones. La salida sería escalonada, un ciclista cada minuto.
Primero salieron Marcolino, Héctor, Javier Fernández, Oscar, Henry y Luis Hebert.
Los que estaban en mejor forma salieron al final: Germando, William, Pablo, Duber y Javive.


La subida de Canicas tiene 3.1 km, con pendientes que oscilan entre 5% y 8%, y algunos tramos que rozan el 10%. No es larga, pero cuando la repites varias veces… empieza a doler hasta el alma.
La estrategia era sencilla: primera subida suave, segunda un poco más fuerte,
tercera ya con el corazón golpeando el pecho.


Así transcurrió la mañana.
Los resultados del día fueron:

  • Marcolino y Pedraza: 2.5 repeticiones
  • Pulga: 3 repeticiones
  • Luis Hebert: 3 repeticiones
  • Oscar, Henry, Javier Fernández, William y Pablo: 4 repeticiones
  • Duber: 5 repeticiones

En total el grupo acumuló 36.5 repeticiones, lo que equivale aproximadamente a 113 kilómetros de ascenso acumulado si sumamos todos los esfuerzos individuales.
No estaba nada mal para un domingo.
Los que terminaron antes se adelantaron hacia la panadería del parque en Subachoque, donde las Ponymaltas y los pandebonos hicieron de combustible de emergencia.

Terminamos la sesión entre 10:45 y 11:00 de la mañana, así que ya era difícil encontrar desayuno formal. Cada uno recargó con lo que pudo.
En medio del descanso notamos que Javier Fernández faltaba. De repente pasó como un bólido, apenas levantó la mano en señal de despedida y siguió de largo. Horas después escribió en el grupo que tenía un almuerzo. Sin quererlo, se llevó el podio del escape perfecto.

El regreso estaba pactado por el Rosal. Pulga, Marcolino, Pedraza, Luis Hebert y Duber se adelantaron. Detrás nos quedamos William, Germando, Pablo, Javive y Oscar.
Más adelante William apretó el paso y Oscar empezó a quedarse. Pablo gritó:


“¡Bájenle que Oscar se quedó!”
Pero todos conocemos a William… y su famosa frase:

“Él conoce el camino”.
Oscar venía con principio de calambre en la entrepierna, pero reguló y logró mantenerse.
La cacería al grupo delantero ocurrió cerca del puente de la parada del Vino. Y justo cuando todo parecía bajo control… Germando siguió derecho.

Quería ir hasta Facatativá. Después confesó que vio un letrero con una “F” y pensó: “por aquí no es”. Media vuelta… y de regreso al grupo.


Ya juntos tomamos la vía del Alto de Vino hacia Siberia. Como es costumbre, en ese tramo el grupo siempre aprieta el paso.


Duber lanzó un sprint a más de 50 km/h.
Charry y Marcolino también apretaban.
Javive salió a controlar y a jalar el grupo.
Rodamos cerca de 40 km/h promedio. Y Marcolino aguantó el ritmo como un campeón. Está en forma.
En la arenera, ese pequeño repecho rompe-piernas, el grupo volvió a fragmentarse. Las repeticiones ya pesaban.
Duber y Javive apretaron hasta pasando el peaje, donde finalmente Duber logró sacar ventaja. Sus entrenamientos están funcionando.
Detrás venía el espectáculo:
Pulga, William, Germando, Marcolino, Luis Hebert animando a Pedraza y Pablo cerrando el lote.

Una verdadera batalla.


Al final todos llegaron a Siberia casi juntos, extenuados, un poco quemados por el sol… pero felices.
La idea era cerrar con tertulia en Altoque, pero nuestra conductora volvió a seguir derecho.

Duber solo alcanzó a recargar la caramañola antes de ir tras ella.
Los demás nos quedamos conversando. William y Héctor se pusieron la diez e invitaron bebidas bien frías para cerrar la jornada.


Y así terminó el Test Everesting Canicas.
Una jornada dura, divertida y llena de anécdotas.
Porque en CicloBR cada ciclista aporta algo único:
Javier Fernández, potencia silenciosa.
William Duarte, gregario de lujo.
Marcolino, corazón de escalador.
Héctor Pedraza, constancia pura.
Henry Charry, disciplina.
Luis Hebert, motivador del grupo.
Germando, siempre con ganas de más kilómetros.
Oscar Tascón, resistencia admirable.
Pulga, ritmo constante.
Pablo Torres, estratega y animador.
Duber Marín, fuerza en ascenso.
Y Javive… narrador, gregario y testigo de estas historias.


A los que están convalecientes, pronta recuperación. Los esperamos pronto de regreso en la carretera.
Y en ocho días… nos vemos para el vals por Sesquilé y Guatavita, con llegada al famoso Asadero Don José.
Y por favor… dejen de joder por los invitados.


Porque al final, en el ciclismo como en la vida, uno se da cuenta de quién merece quedarse en el grupo.
Además… si siguen molestando mucho, Pulga va a terminar cobrando membresía anual, camiseta obligatoria y examen antidoping de barrita de Marcolino.

 

 

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