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Bogotá, febrero 22 de 2026

Crónica por Javier Yesid Velandia L.

Entre alegatos, persecuciones y fotofinish.

Domingo 22 de febrero de 2026. 7:15 a.m. La Sabana despierta con 9 °C, humedad cercana al 85 % y cielo parcialmente nublado, según los reportes del IDEAM para el corredor Chía–Tocancipá. Viento leve del noreste, entre 8 y 12 km/h, bruma elegante y ese frío sabanero que no intimida, pero sí selecciona. Condiciones ideales para rodar largo: fresco, seco y con atmósfera de clásica europea versión Cundinamarca. Primera crónica del año de Javive. Y como toda buena temporada, el libreto arrancó con incertidumbre logística.

En el parqueadero del Asadero de Don José se alineó el pelotón para la alineación de rigor. Como pudieron apreciar Esta vez cambiamos el lugar de la foto, la tomamos en alto del Sisga. La verdad hoy servimos un verdadero "salpicón de colores".

Mientras redactaba la crónica le pedí a nuestro editor que tratara de imaginar cómo sería la misma foto en la cual los asistentes lucieran el uniforme oficial que indica la programación. Mensaje subliminal:

Plantilla preparada para rodar y uniformada virtualmente, piernas nuevas, ilusiones intactas.

El conductor elegido era Duber Marín. No pudo. Plan B: Don Óscar Tascón. Tampoco. Diagnóstico final: sin carro escoba. Solo moto acompañante. La jornada ya tenía argumento.

La ruta La Caro–Alto del Sisga–Almaviva no perdona descuidos. 84 kilómetros totales, 1.650 metros de altimetría acumulada y altura máxima de 2.615 msnm. El puerto presenta pendiente promedio entre 4 y 5 %, con rampas que coquetean con el 8 y 9 % en sectores puntuales. En la cima, 13 °C y brisa fría constante. El ascenso engaña al inicio con falso llano que desgasta; luego viene el tramo psicológico antes del peaje y finalmente la parte sostenida donde se separan los que especulan de los que deciden.

La novela tomó forma cuando el “Chino” Sebastián, encargado de la moto, no contestaba. Espera prudente. Silencio administrativo. Miradas cruzadas.

Pulga, con liderazgo práctico y sin estridencias, asumió: “Por seguridad, yo acompaño al grupo”.

Foto oficial, sonrisas que ocultaban incertidumbre y arrancamos hacia el norte.

Apenas pasando los silos de Almaviva, una moto alcanza a Pablo y Javive. La pregunta flotó en el aire frío: ¿será Sebastián? Era Sebastián. Se detuvo el grupo, se reconfiguró la logística y Pulga, ya con respaldo motorizado, decidió adelantarse para bajar la bicicleta. Encontró una bomba pasando el Pricesmart y ejecutó el cambio. Mientras tanto, Pablo y Javive quedaron en misión de caza. Ritmo superior a 38 km/h en el llano, corazón en zona roja, respiración corta y cálculo fino.

No era paseo dominical; era persecución controlada con dignidad táctica. La captura se concretó antes de Tocancipá, donde el grupo se compactó y armó una grupeta ordenada, relevos cortos y conversación fluida a 32–34 km/h promedio. El día empezaba a tomar cadencia.

Antes de que los “gallos” mostraran las espuelas, los invitados de Guillermo ya habían coronado: Henry, Lucero, Miller y Moisés. El orden exacto queda en acta pendiente, pero la eficacia quedó registrada. Luego apareció el tridente explosivo: Javier Fernández, Guillermo Durán y William Duarte. Ataque progresivo en el último kilómetro, cadencia alta, potencia sostenida y lectura perfecta del puerto. William, fiel escudero y sangre joven, no soltó la rueda de su papá Guillermo ni en repecho ni en estrategia. Fue un final de manual.

Más atrás llegó el grupo sólido: Nobile González, regular como metrónomo; Charrito, resistencia silenciosa pero efectiva.

Alberto, que dudó en subir y terminó subiendo con carácter; Pulga, controlando siempre la logística incluso pedaleando; y Luis Hébert, inteligente, dosificando sin quemar fósforos antes de tiempo. La foto cambió de escenario: esta vez fue en el Alto, con cielo gris azulado, bicicletas alineadas como ejército y esa satisfacción que solo da coronar un puerto bien gestionado.

El descenso fue técnico y prudente, curvas amplias y velocidad controlada. La reagrupación se dio en un restaurante pasando el puente del retorno a la entrada de Sesquilé. Y allí llegó el episodio que ya es parte del folclor CicloBR. Alberto protagonizó lo que podría archivarse como “Alegato de cierre vs. Atención al Cliente S.A.S.”. Con tono jocoso pero convicción argumentativa, desplegó su defensa del consumidor: “Con el debido respeto, su conducta omisiva vulnera mis derechos fundamentales”. La empleada replicó que estaban ocupados. “Objeción, su señoría. Ocupación no exime responsabilidad contractual”.

Pero Alberto no se quedó en la exposición inicial; entró en fase de conclusiones. Señaló con tono solemne que “ante la evidente ausencia de un estándar mínimo de calidad en el servicio, este colectivo ciclista procede a ejercer su derecho legítimo de retiro estratégico del establecimiento”. Luego remató, elevando la ceja como en audiencia pública: “En virtud de la flagrante transgresión al principio de buena fe comercial y a la obligación correlativa de brindar atención oportuna y digna al consumidor, declaramos terminada de manera unilateral nuestra intención de permanencia en este recinto”.

Traducción simultánea para el pelotón hambriento: “Como aquí no hay buen servicio, nos vamos”.

Alberto salió echando humo, rojo de la piedra, casco aún puesto y pasos firmes rumbo a la puerta. Por un momento nos dio la impresión de que iba a montar bicicleta y dejarnos tirados a todos, cual fuga en descenso sin mirar atrás. El pelotón quedó dividido entre seguir el alegato o seguir el hambre. Y así, entre risas contenidas y estómagos vacíos, se produjo la escisión gastronómica más jurídica en la historia reciente de CicloBR.

La consecuencia fue táctica: mitad del grupo migró al El Palacio del Cerdo; la otra mitad Javi Fernández, Javive, Guillermo, sus invitados y William Duarte se quedaron, pues el pedido ya estaba en marcha en la cocina. La atención fue regular tirando a mala, pero la cocina salvó la jornada. El caldo estuvo notable, caliente y reconfortante, digno de ciclista que ha vaciado depósitos de glucógeno. Del otro frente gastronómico, informe pendiente.

Reagrupación en Gachancipá. El grupo de cola alcanzó a Alberto y compañía. Se armó tren organizado rumbo a la Sabana a promedio sostenido de 35 km/h. Relevos medidos, disciplina colectiva y cero ataques innecesarios. Trabajo en equipo ejemplar.

En el tramo final hacia los silos de Almaviva apareció el instinto competitivo. Sprint inevitable, piernas tensas y mirada fija en la línea imaginaria. Fotofinish simbólico para Guillermo, Javier Fernández y Luis Hébert. Triple empate técnico. Nadie cedió medio tubular.

Mención especial para Nobile, que se mantuvo firme todo el regreso sin perder rueda, demostrando consistencia aeróbica y cabeza fría. Y para Javive, que sin entrenar desde el 27 de diciembre y en su primera salida del año, gestionó el esfuerzo con madurez: llegó último, sí, pero a paso sabrosón y acompañado de Lucero, sumando kilómetros base y recordándole al cuerpo que la temporada apenas comienza.

Parte del grupo paró antes de La Caro. Luis Hébert, Alberto, Pulga, Nobile, Charrito y Javive regresaron al punto de partida, el asadero de Don José. Gaseosa y Pony Malta como protocolo de recuperación, análisis técnico de lo sucedido, risas y balance honesto del día.

La conclusión fue colectiva: que la próxima salida desayunemos todos juntos, que el servicio sea óptimo, que la tertulia sea completa, que los ausentes regresen, que el conductor elegido cumpla y que los chicos de las Look se integren para compartir lo aprendido. Y, si es mucho pedir, que la logística arranque sin novela.

Así se cerró la primera crónica de Javive en 2026 y la primera salida oficial de CicloBR. Piernas cargadas, corazón contento, espíritu competitivo intacto. Si algún apellido quedó impreciso, se corregirá en la próxima acta ciclística. Porque lo único más constante que la altimetría del Sisga es la voluntad del grupo de volver a rodar.

 

Hasta la próxima rodada.

Javive

 

 

 

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